Palabras que estaban sueltas, o agarradas, y se han ido juntando

..un poco de mí, de otros, un poco de verdad, y no...

martes, 15 de noviembre de 2016

Cuando él dice ¡vamos! no está pidiendo un favor. Cuando dice vamos su timbre es imperioso, impaciente, impertinente, impune, inmune a cualquier ya voy, dame un segundito, mami ya termina de escribir esto, de ponerse la sandalia, de pintarse con delineador, de mandar el audio, de tomar el café con leche. 
El verbo y la mano son lo mismo, tironean igual, porque cuando dice vamos! (suena ¡mámos!) la palabra tira de mi ánimo, lo aprieta para que se desperece, para que se dé cuenta de que nada es más importante en ese minuto y en esta su pequeña vida que ir a buscar la pelota. Todo es nimio frente a su urgencia por encontrar a Ema, la gata escurridiza de la abu. Nada debe interponerse entre el mundo de juegos y nosotros. Su vamos! es ya mismo, es ahora, es no me importa nada porque me importa que entres en mi universo, que seás arquera, hinchada y relatora en mi estadio de granza y pasto pelado y flores cascoteadas. La fuerza del vamos de mi niño es inclaudicable y aleccionadora. Sabe que mueve el mundo (el de él, el mío, el del abuelo que no puede resistirse, el de los hermanos que, a rezongones, van hacia cada destino señalado por la manito libre, el del papá que larga papeles, computadora o siesta para ponerse a su altura).Ese vamos tiene , apretada en la palma de su manito, la llave de todo lo imposible y la de las puertas para ir a jugar

No hay comentarios:

Publicar un comentario