Palabras que estaban sueltas, o agarradas, y se han ido juntando

..un poco de mí, de otros, un poco de verdad, y no...

martes, 23 de octubre de 2012


Sé que no es fácil. Que hay un montón de editoriales disfrutando de las ganancias de libros que enseñan qué hacer en cada preciso momento, pero que vos podrías hacer una fogata con cada página porque tu chiquito no duerme las 8 horas reglamentarias, no traza los garabatos a los 48 meses y aunque le recés en japonés, sigue pidiéndote la mamadera antes de entrar al jardín.
Imagino que habrás añorado los días en que decidías a qué hora salir, entrar, dormir, caminar, bailar o, simplemente, ir al baño.
Puedo intuir que seguramente traicionaste principios indestructibles y terminaste disfrazada de animalito de granja en el acto de fin de año.
Es probable haberte sorprendido con la viva imagen de un espectro ojeroso -vos misma -frente a un espejo en medio de la noche, fustigada por el sueño, enarbolando una mamadera.
Te presiento oficiando de escudo humano entre un adolescente desacatado y su padre.
Te veo mirándote en las fotos viejas, incrédula, frente a una cintura imposible.
Te palpito con la respiración queda, expectante esperando que se dibujen las rayitas que separan la duda de la certeza, que transforman la esperanza, la búsqueda, en el principio de la vida.
Me apena tu llanto lleno de preguntas si esa certeza no llega.
Te intuyo desvelada porque una hija no vuelve y el celular no contesta, pensando en cómo evitar que el padre no la cuelgue del ventilador de techo cuando llegue.
Supongo la entereza que sostiene a tu sonrisa cuando tu hijo -tu chiquito- te presenta a la novia.
Te contemplo, con el corazón anudado, abrazando al que se te va, lejos.
Lloriqueando, absurda y feliz, si la nena llevó la bandera -aunque fuera por sorteo-. Enfrentando al mundo si una palabra de discriminación o de humillación lastima a tus hijos.
Lidiando con fantasmas del pasado que creías enterrados para siempre como las divisiones o el análisis sintáctico .
Leyendo un cuento a pesar de que tenés en tus ojos el cansancio de todo el día.
Cuidando, criando sin un compañero. Aprendiendo a amar hijos que no nacieron de vos.
Poniéndote, orgullosa, el collar de fideos.
Supongo que has visto cómo pasaron oportunidades de trabajo, o de viajes. O de tiempo.
Te sorprendo encontrando un garabato políticamente incorrecto.
Buscando un hueco para desahogarte sin dejar huellas.
Viviendo en carne propia cada logro. Aliviando fiebres, acompañando dolores más o menos breves, o tener agarrada tu mano a otra, más pequeña ,por muchos meses.

Has dejado mucho de vos por ellos, indudablemente. Qué bueno que no tenga remedio, que no haya otra manera de hacerlo.

Gabriela Palazzo

No hay comentarios:

Publicar un comentario