y es así, Antoine, ella ostenta miradas de prematura altivez, él se siente poderoso. Defienden sus premisas en las discusiones cotidianas con certezas implacables, conversan en las siestas de cuchicheos, agrandados, excediendo sus cuerpitos y sus años…
Pero, sabés (tenés que saberlo), cuando juntaron las cabezas enmarañadas para agarrar el trozo de luz sobre las letras y los dibujos encantadores de tu historia, vieron la boa dentro del elefante, la preciosa confirmación de su niñez.
Gabriela Palazzo
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