Palabras que estaban sueltas, o agarradas, y se han ido juntando

..un poco de mí, de otros, un poco de verdad, y no...

lunes, 13 de junio de 2011

merienda a cielo abierto

Una come un bollito tostado , le pone manteca y se aventura a la osadía casi olvidada de sumarle una capa de dulce de leche porque sí y porque está charlando de lo más lindo.


Mientras se prepara con toda su nostalgia para atropellar el primer bocado en la boca, escucha.


La historia quizás es común, pero no es natural. No, la historia no es común, es impresionante, pero tan posible que parece común.
La mujer tiene cáncer, es pobre y vive en alta montaña. O también puede empezar como cuento: hay una vez una mujer que vive en una casa en alta montaña en la zona andina. Está enferma, muy enferma, de una cosa más cotidiana que en otras partes del planeta, porque hay unas aguas y un cielo que están contaminados. El cáncer le tocó la puerta y la vida, a ella y a sus tres hijos.

Ella, entonces, le toca la puerta al señor importante, que quiere mucho a esa mina – a la que le contaminó el aire, la vida y el presente- pero ese señor esta vez no le quiere alargar su mano porque la culpa, ¿sabe señora?, ya no es mía ni de mis suculentas arcas obtenidas y por obtener.


La culpa, señora, que lo sepan sus niños , los tres, los enfermos o especialmente ése al que le cuelgan los pocos dientes que le quedan y que no reconocerá su rostro de niñito curtido después de la operación,

que lo sepan


es de los disconformes, revoltosos e inhumanos que cerraron su hospital. Vaya, dígale al periodista, al que le dirá la verdad, que ustedes se van a morir de preguntas y de injusticia.

Una no vio el noticiero que recortó la queja y el reclamo de una insignificante mujer que ya no cuenta para el sistema.

Una ya sabe que, al fin y al cabo, más valía quedarse con el gusto del dulce de leche del recuerdo...este bollito es intragable.

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