Palabras que estaban sueltas, o agarradas, y se han ido juntando

..un poco de mí, de otros, un poco de verdad, y no...

martes, 15 de noviembre de 2016

Decidí dedicar parte de la clase a leer un par de capítulos de la novela. Simplemente eso, y nada menos que eso. Callarme un poco para asegurarme de que lo que iba a seguir sería sobre terreno conocido, para que pudiéramos, entre todos, tratar de deshilar el ovillo, escuchar las voces poderosas que atraviesan las páginas y el tiempo. Entender, o no, el artilugio.
Cada cual con su edición, cabeza contra cabeza, murmurando bajito, en silencio, unos comentarios cuchicheados por allá, una mamá acariciando su panza como dándole ritmo a la lectura y a su bebé, yo misma con las páginas oscurecidas por los años, surcando la mirada por encima de la que habrá hecho mi abuela, sobre ese mismo territorio.
En medio de esa suspensión de todo, ¡páp! algo saltó y quedamos a oscuras.
Qué macana, lamenté, me lamenté, porque habíamos estado respirando un lindo aire luminoso. Esperé, intenté leer, inútilmente, y creí que ahí se terminaría todo, buen fin de semana, continúen en sus casas. Velas a la vista, no había.
Pero no. De a poquito, de cada butaca, fue naciendo la luz. El anfiteatro se encendió de luciérnagas silenciosas, de pantallas proyectando claridad sobre los libros. Rescatando la historia de esa injusta oscuridad.
Como que hubo ahí una magia, un puente o abrazo

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