Vamos cerrando el día como quien termina de redondear un capítulo ya escrito y nuevo a la vez. Ubicando a cada uno en su lugar, un mimo por aquí, una retadita por acá, un vaso de agua, el cuento.
Pero siempre falta algo. Y casi siempre es una pregunta
Como si hubiera alguna chance de que le atisbe un "no", me dice, casi con resignación: má, que todos nos tenemos que morir?
En el apuro por salir de un paso tan difícil y desprevenido solo atiné, cobarde de mí, a decirle que no pensara esas cosas, blablabla .
Desde arriba (de la cucheta) la hermana se hizo cargo de la angustia que percibió en el hermano y le dijo que morirse es bueno porque te vas al cieeelo, donde está Diosito y sos muy feliz.
Mi pequeño grandulón me miró, mientras el mayor acotaba filosóficamente "habrá play en el cielo?”, y arremetió, quemando el último cartucho:
Yo no quiero morirme. Porque voy a extrañar (ahí asomó un puchero sutil y delator de tanta inocencia acumulada).Voy a extrañar mi casa. Y mis juguetes.
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