Quizás el peso específico de la amistad esté no tanto en hablar y hablar, en agotar la sed de contarnos al otro, de mantener minuto a minuto informada a una amiga, a un amigo, de no perdernos cada detalle de su vida como si eso significara "conocernos". Sino, más bien, en callar a tiempo, aprendernos la frecuencia cardíaca de cada relación, porque cada una es distinta, late distinto, suena con acordes únicos. Necesita un tiempo (un tempo) y un espacio. Quizás ambos son extensos, esporádicos, pero mantienen sólido este vínculo tan especial. O quizás estamos compartiendo a diario esa presencia que nos apuntala, nos espera, nos anima.
Gracias amigos, amigas de mi vida, por dejarme ser, por ser en mí.
No hay comentarios:
Publicar un comentario