Palabras que estaban sueltas, o agarradas, y se han ido juntando

..un poco de mí, de otros, un poco de verdad, y no...

martes, 29 de abril de 2014

Llevó vainillas para hacer bombones en el jardín, así decía la notita en el cuaderno. Bombones de vainilla y dulce de leche. Como ya se sabe (cfr. "El extraño caso del panqueque de dulce de leche" ), tal tipo de postres, que incluyen dulce de leche, van segregando, secretando o secreteando mi imaginación desde el momento en que leo la palabra en el papel hasta que los puedo saborear. Más aún, si los hace mi chequeeeto.
Compramos las vainillas, entró al jardín (by the way, me dejé la billetera con todo lo que una no quiere perder sobre sí misma en relación al sistema, en la "mochi" de Martín).
La cosa es que, después de la jornada, la abu retiró al niño (quien se encargó de presentársela a todos los que se iban cruzando al grito de "¡¡Ésta es mi abuela!!").
Hoy, cuando lo fui a buscar y me abrazó con un alegre ¡Felices Cuascas! más el consabido huevito, recordé los bombones. Una madre me dijo que sí, que ayer los habían hecho y LLEVADO EN UNA BOLSITA A LA CASA.
¿Sospechar de la abu, que los haya disfrutado y no me haya dicho nada? Jamás. No mi madre.
Le pregunté a la maestra, dijo que sí, que Martín había guardado en la bolsit... y ahí le vimos la cara al tipo. "Me parece que me los comí", se autoincriminó sin culpa, por cierto.
Cuando llegamos a casa, le conté al padre -burlada en mi golosez - el suceso: "¿Sabés adónde guardó Martín los bombones?" mientras señalaba la panza del tentado.
Poniendo cara entre incrédulo y preocupado, como si en vez de tener en el estómago la masa informe de vainillas y dulce de leche, transportara droga y yo fuera un sabueso, me preguntó:
-¿¿Me los vas a sacar??
Obviamente lo abracé, lo besé
y le pedí la receta

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