En segundo grado, la única guerra que entendía y en la que participaba era la de los naipes. Podía perder, pero nadie se moría ni sufría, a lo sumo te aguantabas la gastada del que te había dejado sin tu pilita de cartas. No tenía ni siquiera estrategia, solamente el vértigo de saber qué número aparecía en la carta de arriba después del "tapo y destapo". No se ponía el cuerpo ni se dejaba el alma por intereses de viejos dinosaurios. No se partía en mil dolores una familia.
No entiendo ninguna otra guerra, y eso que ya pasé de grado.
No hay comentarios:
Publicar un comentario