La mujer percibió mi apuro en la fila del súper. Los ojos que iban de mi carrito al suyo mostraban que estaba calculando cuánto tiempo iba a perder si me hacía la propuesta. Te dejo el lugar, me dijo, no estoy tan apurada y mis hijos son grandes, pueden esperar.
Me cayó un balde de alivio; hay momentos en que las doce campanadas suenan, irremediables, y por ahí surgen hadas madrinas.
Con una expr...esión mansa quiso saber la edad de mis hijos. Cuando le conté, hizo un gesto como de añoranza. "Ah, son chiquitos... los míos ya tienen veintitantos, y son siete....tuve siete". Entonces algo se mojó en la mirada y en la memoria de esa mujer bajita. Escuché lo que seguramente ella jamás hubiera querido o imaginado querer contarle a una perfecta desconocida a la una de la tarde. Pero también lo que una nunca quiere escuchar. La muerte del hijo menor, de su "chiquito" de dieciséis años. Sacó una foto plastificada, sonrisa de ojos claros y una ausencia irreversible.
Que sintió su beso un día, dijo, que lo extraña con locura.
Cómo me hubiera gustado ser hada madrina
Me cayó un balde de alivio; hay momentos en que las doce campanadas suenan, irremediables, y por ahí surgen hadas madrinas.
Con una expr...esión mansa quiso saber la edad de mis hijos. Cuando le conté, hizo un gesto como de añoranza. "Ah, son chiquitos... los míos ya tienen veintitantos, y son siete....tuve siete". Entonces algo se mojó en la mirada y en la memoria de esa mujer bajita. Escuché lo que seguramente ella jamás hubiera querido o imaginado querer contarle a una perfecta desconocida a la una de la tarde. Pero también lo que una nunca quiere escuchar. La muerte del hijo menor, de su "chiquito" de dieciséis años. Sacó una foto plastificada, sonrisa de ojos claros y una ausencia irreversible.
Que sintió su beso un día, dijo, que lo extraña con locura.
Cómo me hubiera gustado ser hada madrina
No hay comentarios:
Publicar un comentario