Palabras que estaban sueltas, o agarradas, y se han ido juntando

..un poco de mí, de otros, un poco de verdad, y no...

viernes, 21 de junio de 2013

Me encanta que nuestra Ministra de educación reconozca que vivimos en un "pueblo tropical". Pero una se imagina, con "tropical", palmeras, playa, sol y mar. La realidad es que nos asamos como achuras a la parrilla. Las escuelas ni siquiera diré que se quedaron en el siglo XIX , ya que al menos, entonces, las construcciones eran altísimas y frescas. Nuestros hijos van, con la cabeza gacha como quien sabe el tormento que les espera, en las peores horas de la siesta "tropical"tucumana, a dormirse del sopor, transpirar gotones gordos, descomponerse y, claro, a aprender mientras usted, mi querida, apaga un ratito el aire acondicionado de su despacho porque ya se puso frío frío el ambiente. "No podemos condenar a los pueblos tropicales a que no tengan educación" es una frase triste. No podemos condenar a los chicos y a los maestros a bancarse hasta el 21 de diciembre 4 horas diarias de experiencia microondas, darling. No podemos vivir de feriados y después parchar el tiempo perdido con el sudor ajeno, baby.

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