Deslloró las lágrimas prohibidas:
se sentó a esperar la muerte
se ajustó las manos, la risa
se vivió la vida, se fumó el tiempo
no aclaró las cuentas
no pidió su boca el beso que esperaba
(no allanó recuerdos
no quedaban tiempos para todavías)
y ahí está
encaramada de frío en la luna –más que nunca, cansada-
y te espera, como a la muerte
sin poder morir
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