...sus gritos ocuparon cada espacio en el lugar. Su cuerpo, transpirado, mojado, casi maloliente se resistía, se resistió hasta el final, mientras todas las fuerzas de él se oponían a las de ellas. No sabría decir quién puso más de sí mismo en ese forcejeo, al mismo tiempo que la tarea se consumaba frente a la mirada entre fascinada y asustada de los otros, de los niños. Cortarle el pelo a Martín no es moco de pavo
No hay comentarios:
Publicar un comentario