Palabras que estaban sueltas, o agarradas, y se han ido juntando

..un poco de mí, de otros, un poco de verdad, y no...

jueves, 6 de agosto de 2015

¡Señora! me dice cada vez que salgo al encuentro de sus aplausos en el portón. La noche se empieza a cerrar.
Viene empujando un carro con restos de todo un poco, bien acomodaditos los cartones, las botellas, los papeles. 
Una bolsita de azúcar para el mate? Es su pedido más importante. 
La cara de adulta niña es redonda, amplia, le brillan los ojos grandes, la sonrisa de dientes pobres, escasos, rotos. 
Nunca deja de sonreir.
Parece que tampoco dejó de ser una nena, su pelo en un rodete tirante, la voz finita y sonora, alegre, díganme quién brillaría así, en su lugar.
Ella puede. Pide su azúcar, porque a esta altura es de ella, ya es parte de nuestra compra (no hay que olvidarse el azúcar para María). Y lo que le podamos dar.
Su charla es ingenua, medio ceceosa. Se asombra por cosas chiquitas, me cuenta, con atisbos de inocencia, los peligros que ve en su itinerario recolector. Ande con cuidado señora, no deje sin llave el portón, me cuida.
Cuando se va,siempre pero siempre, me dice "¡la quiero mucho! ¡Que Dios la bendiga!".
El otro día, como si yo no lo supiera, dijo ya sabe, cuando vea el carrito, ésa soy yo, la del carrito. ¡No se olvide!
Entonces me abrazó.
Corazón de niña, rutina de cartonera, los días son más dulces con tu presencia.

No hay comentarios:

Publicar un comentario