Cómo disfruto la conversación con mis hijos. Porque nunca sé cómo viene la mano, por dónde llega la pregunta, en qué tono van a contar algo, de qué tamaño van a estar sus ojos cuando vayan descubriendo algunas verdades.
Me encanta ver cómo se les hace agua la boca con palabras, con certezas alocadas, relatos o reflexiones que tienen la maravillosa profundidad de la niñez.
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