Palabras que estaban sueltas, o agarradas, y se han ido juntando

..un poco de mí, de otros, un poco de verdad, y no...

lunes, 24 de diciembre de 2012


Ayer, 24 de marzo, pensé mucho en ellos, y en ellas. No los conocí ni los conoceré, porque ya no están. No decidieron sufrir y morir por voluntad propia. No lo merecían, nadie merece la tortura y la muerte, desaparecer del mapa porque es un problema para otros.
Me los imagino ahí, solos, en la oscuridad, presintiendo el momento, valiéndose de otros sentidos, sin saber a ciencia cierta qué va a pasar.
Me los imagino desamparados, sin que sus súplicas se puedan oir, o incluso sin poder suplicar.
Y pienso en la causa de lo que les pasa, pienso en el verdugo, que volverá a su casa a acariciar a sus hijos, besar a su esposa y lavarse las manos para estar limpio a la hora de almorzar. Pienso en que no puede ser la misma persona la que quizás, no muy lejos, acaba de ayudar a dar vida a una mujer.

Al mismo pienso en los torturados de las dictaduras que, como esos seres aún no nacidos, pero vivos, fueron borrados, descartados, acallados.
Ellos tuvieron unas Madres valerosas que circularon hasta la locura en una Plaza y hablan por sus hijos, porque quieren saber dónde están, dónde llorarlos y nunca dejar de extrañarlos. Tienen tribunales que podrán enjuiciar a los verdugos

Los otros, no.  Son demasiado chiquitos, demasiado impotentes, tanto que todas las penas y ninguna culpa les cuestan la muerte.

Gabriela Palazzo

No hay comentarios:

Publicar un comentario