...él, con su nariz de botón, un cuerpazo de hombre chiquito, la desfachatez de la inocencia, los dientecitos casi perdidos en su cara redonda y nueva, no vio mi cansancio, los pelos desordenados, la palidez, el peso de tanto año acumulado... solamente dijo "¡qué hemoza, mamá!" y se tuvo que aguantar mis besos desenfrenados
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